En la mitología griega, las musas inspiraban a los artistas. Siempre mujeres. Siempre inspirando. Casi nunca reconocidas en la obra que hacían posible.
Hay un discurso muy bonito sobre el emprendimiento femenino en Latinoamérica. Habla de resiliencia, de creatividad. Pero rara vez habla de lo que cuesta.
Hay un mito sobre la mentoría que frena a muchas mujeres: que tienes que pedirla formalmente, que tiene que ser un compromiso serio y estructurado.
Hay un tabú que nadie nombra pero casi todas vivimos: las mujeres hablamos menos de dinero que los hombres. Y eso tiene consecuencias concretas.
Muza no nació de un fondo de inversión. Nació de una convicción: que las mujeres latinoamericanas llevamos décadas construyendo redes sin que eso tuviera nombre.
‘Marca personal’ se convirtió en una frase que asusta. Suena a selfies constantes y hablar de tus logros en LinkedIn todos los días. Pero no tienes que hacer eso.
Pedir es una habilidad. Y como toda habilidad, se practica. El problema es que a muchas mujeres nos enseñaron lo contrario.
Seamos honestas: la mayoría de eventos de networking son una pérdida de tiempo. No porque el networking no funcione, sino porque lo hacemos mal.
El modelo clásico de networking no fue diseñado para nosotras. Pero hay algo que las redes femeninas hacen diferente — y que raramente nombramos como la ventaja enorme que es.
Las mujeres negocian menos que los hombres — no por falta de capacidad, sino porque el costo social es más alto. Aquí está cómo hacerlo de forma más inteligente.