Hay una habilidad de networking que casi nadie enseña y que vale más que cualquier tarjeta de presentación: saber conectar a dos personas que se necesitan sin conocerse todavía.

El miedo a “gastar” tus contactos

Muchas mujeres tratan sus contactos como un recurso escaso: si presento a X con Y, siento que pierdo algo. Esa lógica viene de un modelo de escasez que no aplica al networking real. Los contactos no se gastan, se multiplican. Cuanto más conectas a las personas correctas, más te conviertes en el nodo que todos quieren tener cerca.

Por qué ser quien conecta te hace más valiosa

Los sociólogos lo llaman capital social de puente: no es lo que sabes ni a quién conoces, es a quién puedes conectar con quién. Las personas que ocupan ese lugar, el nodo entre dos redes que de otra forma no se cruzarían, son las que reciben las mejores oportunidades primero. No porque las busquen. Porque todos saben que ellas ven el tablero completo.

Cómo hacer una introducción que sí sirve

Una buena presentación no es “les dejo en contacto, seguro tienen mucho de qué hablar”. Eso no sirve a nadie. Una introducción útil tiene tres partes:

  • Contexto: por qué crees que estas dos personas deberían hablar, específicamente.
  • Permiso: pregunta primero a ambas si quieren la conexión, antes de exponerlas.
  • Cierre: una vez hecha la presentación, sal de la conversación. No sigas de intermediaria.

El resultado que nadie te cuenta

Las mujeres que conectan generosamente construyen algo que ningún curso de networking enseña: una reputación. Cuando conectas bien y sin agenda oculta, te conviertes en la persona a quien la gente le cuenta lo que necesita, porque sabe que vas a pensar en quién puede ayudarla. Esa reputación, con el tiempo, vale más que cualquier contacto individual.


En Muza, cada miembra es también un puente. Únete a la lista de espera y sé parte de las fundadoras.


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