Inspirarnos para inspirar
La historia de una mujer que convirtió la migración, los nuevos comienzos y la búsqueda de comunidad en un lugar para ayudar a otras a brillar.
Karen es madre de dos hijos, venezolana y una mujer que ha tenido que comenzar de nuevo más de una vez. Desde que salió de Venezuela en el año 2000, ha vivido en distintos países y conocido personas que influyeron profundamente en su crecimiento personal y profesional.
Haber vivido durante muchos años en Israel le enseñó el poder de la unidad. Allí comprendió todo lo que una sociedad puede construir cuando sus personas se reconocen como parte de algo más grande y trabajan juntas por un propósito común. Esa experiencia sembró una convicción que hoy forma parte de Muza: cuando nos unimos, compartimos lo que sabemos y avanzamos en una misma dirección, podemos alcanzar aquello que individualmente parecería imposible.
Pero detrás de cada nuevo comienzo también hubo soledad, incertidumbre y la ausencia de una red de apoyo. De esa experiencia, y del deseo de crear el espacio que muchas mujeres necesitan, nació Muza.
Si tuvieras que presentarte sin mencionar tu profesión ni tus logros, ¿quién eres?
Soy madre de dos hijos y una mujer que continuamente busca lo mejor para su familia. Con el tiempo entendí que todo comienza por estar bien con una misma. Cuando tú estás bien, también puedes acompañar, sostener y cuidar mejor a quienes amas.
¿Qué parte de tu historia explica mejor a la mujer que eres hoy?
Soy venezolana y salí de mi país en el año 2000. Desde entonces he vivido en muchos lugares y he conocido a muchísimas personas que han influido en mi crecimiento profesional y personal.
Desprenderte de todo lo que conoces y amas, y encontrarte en una especie de limbo, muchas veces en soledad y sin una red de apoyo, te transforma. De esa experiencia también nace Muza: del deseo de construir la comunidad que muchas mujeres hemos necesitado alguna vez.
¿Qué valores intentas conservar incluso en los momentos difíciles?
Mis principios no son negociables. Para mí, vivir en tranquilidad significa actuar de acuerdo con lo que creo, incluso cuando hacerlo no es lo más fácil. La paz también nace de saber que tus decisiones son coherentes con tus valores.
¿Qué faceta tuya pocas personas conocen?
Soy cantante frustrada —risas—. Antes cantaba muchísimo y ahora no lo hago tanto como me gustaría. Es una parte de mí que todavía está allí y que quizás deba volver a explorar.
¿Cuándo comenzaste a reconocer tu propia voz?
Creo que recién ahora estoy empezando a reconocerla. Cada día descubro algo nuevo sobre mí. Conocer a tantas mujeres durante las entrevistas de Muza me ha ayudado a reafirmar aquello en lo que creo. Escuchar sus experiencias, conocimientos y sueños me ha inspirado profundamente.
¿Hubo un momento que marcó un antes y un después en tu vida?
Perder a mis padres marcó mi vida para siempre. Es algo que todavía no he superado por completo. Mi madre creía en mí incluso más de lo que yo creía en mí misma. Su ausencia me acompaña, pero también todo lo que me enseñó.
¿Qué decisión difícil terminó acercándote más a ti misma?
Elegir mi paz por encima de las expectativas o necesidades de otras personas. Elegirte no significa dejar de amar a los demás; significa comprender que tú también debes tener un lugar dentro de tu propia vida.
¿Qué has tenido que dejar atrás para avanzar?
He dejado muchísimas cosas atrás; incluso pedazos de mi corazón. Creo que debemos reinventarnos continuamente. A veces eso significa abandonar hábitos, amistades o amores que ya no nos hacen bien. Además, como venezolana, siento que tenemos prácticamente un máster en dejar cosas atrás y volver a empezar —risas—.
¿Alguna vez has sentido que no estabas preparada?
Todo el tiempo. Pero la ignorancia y yo no nos llevamos bien. Cuando siento que no estoy preparada, me preparo: estudio, investigo y trato de comprender. No me gusta que me cuenten la película; prefiero verla yo y formar mi propia opinión.
¿Qué haces cuando las cosas no suceden como esperabas?
Llorar —risas—. La frustración es algo con lo que todavía lucho a diario. Si alguien conoce el remedio, por favor, que me lo pase. Después intento entender qué puedo aprender, aunque sea descubrir que por allí no era.
¿Qué significa crecer acompañada por otras mujeres?
Me parece vital. Creo que podemos ayudar a pulir a otras mujeres y enseñarles a reconocer su propio brillo. Estoy convencida de que, si más mujeres pensáramos en ayudar a otras, podríamos generar un cambio maravilloso.
¿Qué quieres construir con Muza?
Estoy construyendo un lugar seguro para todas; un espacio desde el cual podamos comenzar, poco a poco, a producir un cambio. Pero no puedo hacerlo sola. Por eso estamos llamando a todas las Muzas que están allá afuera buscando su casa. Esa casa ya existe. Es aquí.
¿Qué parte del proyecto te hace sentir más viva?
Saber que más mujeres están encontrando un espacio en el que se sienten escuchadas y comprendidas. Cuando terminan nuestros conversatorios de los domingos y percibo que comienzan la semana con más ánimo y esperanza, siento que todo este esfuerzo tiene sentido.
¿Cómo defines actualmente el éxito?
Hoy significa estar tranquila y encontrar un equilibrio entre el trabajo y la vida. También significa conservar mi esencia. Yo puedo mejorar y reinventarme, pero no quiero dejar de ser quien soy.
¿Qué logro personal valoras por encima de todos?
Mis dos hijos. Sin ninguna duda.
¿Qué le dirías a una mujer que duda de sí misma?
Es normal cuestionar nuestras capacidades, pero no podemos permitir que las dudas dirijan nuestra vida. Busca ayuda, prepárate, rodéate de personas que puedan acompañarte y, por supuesto, inscríbete en Muza —risas—.
¿Qué le dirías a la mujer que eras hace algunos años?
Compra bitcoin.
“Volví a mí cuando…”
Entendí que no puedo controlarlo todo.
“Soy Muza porque…”
Creo en ayudar a otras mujeres a brillar.
¿Qué mensaje quieres dejarles a quienes lean tu historia?
Todas empezamos desde cero. La perseverancia y la constancia son las que marcan la diferencia. Si yo pude, tú también puedes.