No llegaste tarde a tu propia vida
Guillermina Mugo
Reinvención, propósito y el valor de reconocerte.

Guillermina Mugo tiene 55 años y está viviendo otro comienzo. Fue madre a los 18, aprendió a cuidar de su hija Bárbara en circunstancias distintas a las que había imaginado y, mientras sostenía a su familia, siguió buscando espacio para ser mujer, crear y volver a soñar.
Hoy acompaña a otras personas a reconocer el valor de su propia voz. En esta conversación habla con honestidad de retirarse a tiempo, dejar de demostrar quién es y construir una vida en la que el éxito también incluya descanso, coherencia y paz.
La mujer detrás de la historia
Si te presentaras sin mencionar tu profesión ni tus logros, ¿quién eres?
Soy una mujer profundamente humana, curiosa, sensible y perseverante. Soy mamá, una mujer de fe y alguien que nunca ha dejado de hacerse preguntas.
También soy una mujer que ha tenido que reconstruirse varias veces. A mis 55 años ya no escondo esas partes de mi historia para mostrar solamente una versión exitosa de mí. Sigo sintiendo que hay muchísimo por aprender, crear y entregar.
¿Qué parte de tu historia explica mejor a la mujer que eres hoy?
La maternidad, especialmente mi historia junto a mi hija Bárbara. Fui mamá muy joven y tuve que comprender que mi maternidad sería distinta a la que había imaginado. Bárbara me enseñó paciencia, dignidad, cuidado y una forma muy profunda de amar.
También me mostró la realidad de tantas mujeres cuidadoras que sostienen vidas mientras intentan no desaparecer ellas mismas. Yo necesitaba seguir existiendo, tener proyectos y volver a soñar. Por eso escribí Las Estaciones de Bárbara: nuestra historia podía ayudar a visibilizar muchas otras.
¿Cuándo comenzaste a reconocer tu propia voz?
Cuando dejé de necesitar que los demás confirmaran quién era. Incluso la creación de «Mugo» nació de la necesidad de construir una identidad nueva, pero hoy comprendo que Guillermina Mugo no existiría sin Guillermina Muñoz.
Reconocí mi voz cuando pude mirar mi historia completa y decir: «Todo esto también soy yo».
Aprender a retirarse también es avanzar
¿Qué decisión difícil terminó acercándote más a ti misma?
Aprender a retirarme. Durante años creí que, si comenzaba algo, tenía que llevarlo hasta el final. Me alejé de proyectos, relaciones y espacios en los que podía continuar, pero hacerlo significaba alejarme cada vez más de mí.
Hoy sé que perseverancia y permanencia no son sinónimos. No todo lo que somos capaces de sostener estamos obligadas a sostenerlo.
¿Qué significa para ti comenzar de nuevo?
Antes veía los nuevos comienzos como interrupciones; hoy los veo como estaciones. A los 55 años siento que estoy viviendo otro comienzo, pero no parto de cero: parto de la experiencia.
Llevo conmigo lo aprendido en más de dos décadas de trabajo y, sobre todo, lo que me enseñó mi propia vida. Ahora tengo más claridad sobre lo que quiero construir y lo que ya no estoy dispuesta a sacrificar para conseguirlo.
¿Qué aprendiste de las veces en que dudaste de ti?
Que la duda no es una prueba de incapacidad. Incluso después de años de experiencia aparecen desafíos que te enfrentan con la inseguridad. Muchas veces la confianza no llega antes de dar el paso: se construye después de haberlo dado varias veces.
También aprendí que no todo lo que termina fracasó. Hay experiencias que nos dan criterio, límites y una forma más clara de reconocer por dónde no queremos volver.
Crecer acompañadas
¿Qué te gustaría compartir y encontrar dentro de Muza?
Quiero compartir mi experiencia en comunicación, presencia y reconocimiento de la propia voz. He conocido personas con muchísimo talento que todavía no saben mostrarlo porque no han reconocido su valor.
Y quiero encontrar una red genuina, con humanidad. Un lugar donde podamos conocernos de verdad, recomendar nuestros trabajos, abrir posibilidades y acompañarnos también en las etapas difíciles.
¿Qué estás construyendo en esta etapa?
Estoy reuniendo caminos que antes parecían separados: NÔVHERA, E.S.C.A.L.A., mis libros, mi trabajo en comunicación y el acompañamiento a mujeres y jóvenes. Siempre hubo un mismo hilo conductor: las personas.
Mi propósito no es construir seguidores. Es ayudar a formar personas que puedan reconocer y sostener su propia voz.
¿Qué parte de tu trabajo te hace sentir más viva?
La transformación. Ese instante en que alguien que llegó diciendo «yo no puedo» empieza a descubrir que sí podía. A veces se nota primero en su postura, en su mirada o en su voz.
No quiero crear personas que me imiten. Cuando alguien termina un proceso siendo más ella misma, siento que hicimos bien el trabajo.
El éxito también puede sentirse en paz
¿Cómo ha cambiado tu definición del éxito?
Antes lo asociaba con resultados visibles, reconocimiento y demostrar que era capaz. Hoy también es dormir tranquila, elegir con quién trabajo, decir que no, estar disponible para mis hijos y disfrutar lo que ya construí.
Sigo siendo ambiciosa con mis sueños, pero ya no quiero alcanzarlos destruyendo mi vida personal. El éxito no es solo llegar: también importa cómo quiero llegar.
¿Qué necesita escuchar una mujer que está dudando de sí misma?
Que no espere a dejar de tener miedo para comenzar. Una opinión ajena no puede convertirse automáticamente en nuestra identidad.
Empieza con lo que tienes hoy. Tu experiencia cuenta, tu historia cuenta y lo que aprendiste cuenta. Si necesitas comenzar otra vez, recuerda que no estás comenzando de cero.
Completa la frase: «Volví a mí cuando…»
Volví a mí cuando dejé de intentar demostrar quién era y comencé a reconocer a la mujer que siempre había estado ahí.
Completa la frase: «Soy Muza porque…»
Soy Muza porque aprendí a transformar mis estaciones en historia, mi historia en propósito y mi propósito en una forma de acompañar a otras mujeres.
¿Qué mensaje quieres dejarles a quienes lean tu historia?
No pienses que llegaste tarde a tu propia vida. No necesitas borrar tu historia ni convertirte en otra mujer para construir algo nuevo.
Tal vez reinventarte consiste en volver a mirarte y reconocer a la mujer que siempre estuvo ahí. Mientras exista una idea que te emocione o un sueño que vuelva a encenderte los ojos, tu historia todavía se está escribiendo.